domingo, 4 de noviembre de 2012

Soliloqueando

¿Qué estoy hablando sola? Pues que si, y eso es lo que llamo soliloquear. Soli… de sola y loquar… de atreverse…Atreverme a tocar los bordes de la locura y pensar cosas que en momentos en que estoy atada por los condicionamientos sociales serían impensables.

Sololoquiar tiene siempre como herramienta la técnica del “yo conmigo”, y eso es lo bueno de todo esto: quien me escucha…? Nadie. Quien me contradice…? Nadie…Y por eso me puedo permitir cualquier cosa. Soy dueña absoluta de este espacio en el cual todo es posible. 

Generalmente cuando estoy soliloquando, estoy quieta, tirada en algún rincón de gato o panza arriba en algún paraje de la naturaleza. Es curioso que me cueste soliloquear cuando estoy metida en el ruido de la ciudad. A veces, en el propio soliloquio me imagino que de solo pisar el asfalto se activan los condicionamientos sociales. Será por eso que nunca lo hago en la ciudad.

Tal vez, me hago dueña de esta palabra porque el termino filosofar se me queda grande. pero comparto que al igual que la filosofía, estos momentos hay que volver a encertarlos al lugar que pertenecen: la propia vida. Y con estos encuentros personales, muchas veces le voy encontrando sentido a las cosas y, no sin asombro, mejor mi calidad de vida. 

Cada vez que soliloquio, pongo en duda muchas cosas. Suelo centrarme en una y la desmenuzo mirándola por todos lados. Mientras tanto, voy conociendo, sopesando… y siempre pero siempre rescato el poder de la duda. Desde ella, llego a certezas, de las cuales vuelvo a dudar…

 Yo soliloquio… tu soliloquias… y así en este soliloquio me afirmo y proclamo que de hacerlo todos, el mundo mejora.
Yo soliloquio… tu soliloquias… y así en este soliloquio me afirmo y proclamo que de hacerlo todos, el mundo mejora.