miércoles, 7 de mayo de 2014

Basajaun

Entré al bosque vestida de ignorancia.
Ignorancia de papel crujiente dispuesta a rasgarse.
Ignorancia compartida que ronronea, embaucadora, a los corazones.,
como una astuta actriz que nos deja una turbia paz conformista.
Mentira cruel que nos hace creer sabios.

Un susurro de olor a humus vino a mi rescate.
y su inesperada caricia dirigida a lo profundo,
hizo a un lado algunos paquetes que tenía guardados:
lo trivial, lo pueril, lo fútil, lo insustancial …
La caricia perfecta.,
la que ni siquiera, necesita tocar la piel.,
ese instante de lucidez que reconoce la utilidad de la existencia.

El susurro de olor a humus volvió a hablarme
y arrastró mi corazón al suelo,
más allá de la hojarasca,
debajo de mis pies.
Y me dejó desnuda….

Impactada por el nuevo universo que había bajo la tierra,
vi cómo volaba mi traje de papel
crujiente de ignorancia.

Ahora si podía llorar.
Un llanto sereno, suave, sosegado.
Un llanto que se plantaba estoicamente frente a la belleza del bosque.

¿ Sabes por qué he llorado?
Porque los árboles hablan,
y escuchan nuestros diálogos inútiles
sobre la “insoportable levedad del ser” .

Agradezco inmensamente a Morgana Palacios y Alex Cabrera, quienes con sus comentarios, me ayudan a ir mejorando poquito a poco la escritura