viernes, 3 de junio de 2016

¿Porqué escribo?



Los aniversarios son para recuerdo público. Por eso nunca me preocupé en ponerle fecha al primer intento de escritura. Vaya a saber dónde está esa servilleta de bar, que curiosamente me decía ¡ongi etorri! …bienvenida… Es que la escritura me estaba esperando?

No sé qué día fue cuando el corazón apretó tanto, que tuve que salpicar palabras sobre el papel. Fue un imperativo abestiado y agrio que sirvió de remedio. Dos líneas poderosas que ni bien se plasmaron me dejaron suspirar. Y pude acurrucarme en mí para escuchar todo lo que tenía para decirme/te.

Escribir era como estar a solas, sin tiempo, dejando que las palabras se deslizaran como lo hace  el agua en el ritual del baño. A veces con perfume a lavandas y otras con aromas mas ásperos y amargos de ajenjo y jengibre , que curiosamente al escribirlos se transformaban en bálsamo.

Con el mundo acotado en una tina, bajé hasta mis pies para empezar a limpiarme. Escribí entre mis dedos luego de sacar con esmero la suciedad que tenían las uñas. Otra vez suspiré mientras seguía desterrando los tatuajes que la ira contenida había dejado hasta en las ingles.


Escribo por mi culpa…por tu culpa…por placer…por dolor…por orgasmo…por el sueño…por la vigilia…por las curvas…por las rectas…por el hielo que quema …por el fuego que enfría…
Por cobardía aparente,  estoy a la espera de que este impulso que tengo, me permita sacar un pie de la tina para reconocer la inmensidad del mundo más allá de los límites que yo misma me he impuesto. Mientras tanto, aquí me quedo en la penumbra de mi cuarto usando a la “v” o a la “Z”  que están en la parada, esperando al colectivo de las vocales.